
Esa noche fue toda de la selva
-madera entrecortada de deseo-
que ampliaba dibujando sobre el suelo
la vertical sentencia de las tablas.
Y llegaste febril hasta mi espalda
a invitarme a la fiesta de tu boca:
como una dulce copa fue tu cuerpo,
como una adolescencia fue tu ropa…
Y caíste cristal entre las hojas,
jugando casi al borde del milagro:
devoción de lujuria y pies descalzos
conversión de la selva hasta el incendio.
Esa noche fue toda Dios naciendo,
antiguo rito osado de la piel,
y sigo fiel anclándome al misterio
al prodigio misterio de tu ser…
No hay comentarios:
Publicar un comentario